22 junio 2006

Crónica de ambientación- Argentina- Serbia Montenegro.

Viernes 16 de junio, faltan cinco minutos para las diez. La secretaria de la Gerencia de Administración llega cargando unos bizcochitos de grasa y con el cabello mojado, pidiendo disculpas por llegar tarde ya que “se durmió”. La recibe un coro de quejas mezclado con gritos nerviosos; todo está preparado a pesar de su retraso: sillas dispuestas en círculo, tres termos con agua caliente, facturas y mate. Entre risas, la platea masculina la amenaza: “¡nada de comentarios femeninos durante el partido!”.
Suena el pitazo inicial y luego de varios chistidos pidiendo silencio el grupo se concentra en lo que transmite la televisión. A los pocos minutos en el ambiente se instala un duelo aparte y siempre presente cuando se mira fútbol: River- Boca. Los hinchas xeneises se sulfuran con la buena actuación de Javier Saviola y tercos, aseveran que sería mejor la actuación de Carlitos Tévez; por su lado los simpatizantes millonarios aplauden cada firulete del ‘Pibito’ y se encargan de denostar la lentitud de Román Riquelme.
Con el primer gol todos saltan de sus asientos y gritan con todas sus ganas, a pesar de las recomendaciones previas de no hacer mucho bullicio. Por un momento el River- Boca queda de lado y se abrazan y palmean unos con otros: todos son hinchas de Argentina. No falta el comentario del aspirante a director técnico del grupo: “¿vieron qué bien ‘Maxi’ Rodríguez? y eso que nadie lo tenía en cuenta...”
Mientras tanto los mates giran y giran entre aquellos que todavía pueden disfrutar de un sorbo de esta bebida; el resto de los espectadores se niega de forma terminante a seguir tomado alegando que “están muy nerviosos” como para poder hacer algo más que concentrarse en la imagen y en el relato.
Otro momento de acuerdo general se origina con la lesión de ‘Lucho’ González: “¡pobre pibe, con lo bien que está jugando!”. Todos coinciden en los lamentos y en la desilusión ya que consideran que el cambio por el ‘Cuchu’ Cambiasso no es favorable a los intereses del equipo nacional.
Sin embargo y a pesar de las críticas hacia Cambiasso en catorce minutos todo vuelve a cambiar: después de más de veinte toques y con un taco incluido, el ‘Cuchu’ convierte un golazo y la oficina se convierte en un descontrol: gritos eufóricos, abrazos y hasta uno un poco más demostrativo que el resto saltando arriba de una silla. Así todos se olvidan de ‘Lucho’ González y aplauden a Cambiasso como si siempre hubieran apoyado su ingreso.
Ya el tercer gol los encuentra más relajados, disfrutando del partido en lugar de sufrirlo y hasta recibiendo los comentarios de la única mujer del grupo con un humor más condescendiente.
Termina el primer tiempo y todo es una carrera: en quince minutos hay que recargar los termos, ir al baño y correr al kiosco a comprar más bizcochitos para calmar la ansiedad. Sólo queda en el aire una amenaza: “¡En el segundo tiempo todos a ocupar el mismo lugar, eh!”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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